Más de 2.700 especies de peces de agua dulce habitan la Amazonía. Una publicación regional desarrollada mediante el trabajo conjunto de más de 50 especialistas y representantes de 30 organizaciones revela la extraordinaria diversidad de peces amazónicos y su importancia ecológica, alimentaria y cultural, así como los desafíos para su conservación.
La Amazonía alberga más de 2.700 especies de peces de agua dulce, aproximadamente dos tercios de ellas no existen en ninguna otra región del planeta. Esta extraordinaria diversidad y su importancia para los ecosistemas y las comunidades amazónicas, son el eje de “Los peces olvidados de la Amazonía”, una publicación elaborada por más de 50 especialistas y representantes de 30 organizaciones.
El informe constituye la primera evaluación a escala amazónica que integra evidencia científica y conocimientos ecológicos tradicionales para comprender el papel de los peces en los ríos, los bosques y las comunidades que dependen de ellos. Sus funciones van mucho más allá de sostener las cadenas alimentarias. Por ejemplo, algunas especies, como la cachama, se alimentan de frutos en los bosques inundados y dispersan semillas, favoreciendo la regeneración de la vegetación. Otras transportan nutrientes y realizan migraciones de miles de kilómetros que conectan distintos ambientes acuáticos. El bagre dorado, por ejemplo, puede recorrer más de 11.000 kilómetros durante su ciclo migratorio.
Esta riqueza también es fundamental para la vida de las poblaciones amazónicas. En algunas comunidades ribereñas remotas, el consumo de pescado supera los 600 gramos diarios por persona, lo que lo convierte en una fuente esencial de proteínas y nutrientes. La pesca artesanal y comercial, además, sostiene medios de vida y contribuye a preservar tradiciones, conocimientos e identidades culturales de los pueblos indígenas y las comunidades locales.
Sin embargo, los peces amazónicos enfrentan amenazas cada vez mayores. La deforestación, la contaminación derivada de actividades extractivas, la sobrepesca y la construcción de represas e infraestructuras que alteran los caudales afectan sus hábitats y rutas migratorias. A estos impactos se suman los efectos del cambio climático, que modifican la temperatura del agua y los ciclos naturales de los ríos.
Según el informe, 144 especies de peces amazónicos están incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), mientras que otras 334 se encuentran en la categoría de datos insuficientes. Estas cifras reflejan la necesidad de ampliar la investigación y el monitoreo para conocer mejor el estado de las especies y orientar las acciones de conservación.
Frente a este escenario, la publicación destaca la importancia de mantener la conectividad de los ríos, proteger y restaurar los hábitats acuáticos, mejorar la calidad del agua y promover el aprovechamiento sostenible de los recursos pesqueros. También plantea fortalecer la gestión territorial liderada por los pueblos indígenas y la cooperación entre los países amazónicos, considerando que los ecosistemas acuáticos no reconocen fronteras políticas.
Pese a las amenazas, la Amazonía conserva uno de los sistemas de agua dulce más extensos y ecológicamente íntegros del planeta. Su conservación es clave para proteger la biodiversidad, garantizar la seguridad alimentaria, sostener los medios de vida y el bienestar de las comunidades amazónicas y de las futuras generaciones.
La elaboración de esta publicación fue liderada por The Nature Conservancy (TNC), en colaboración con una amplia alianza de instituciones públicas, académicas, organizaciones de conservación y entidades regionales de los países amazónicos.
Conoce más sobre la publicación en: https://nature.org/pecesolvidadosamazonia