Pueblos en Aislamiento Voluntario (PIAV)
Tagaeri y Taromenane
En la región del Yasuní habitan al menos dos pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario: los Tagaeri y los Taromenane. Estos grupos, que permanecen en el interior del bosque, preservan un estilo de vida similar al que tuvo la nacionalidad Waorani antes del contacto con el exterior. Prefieren evitar el contacto con la sociedad y defienden sus territorios, manteniendo una forma de vida semimóvil (Rivas y Lara, 2001). Su interacción con las comunidades waorani, ubicadas en las zonas interiores del Parque Nacional Yasuní (PNY), es ocasional y puede ser pacífica o, en algunos casos, violenta.
Según Energy and Environmental Consulting (2016), los pueblos en aislamiento son aquellos que no mantienen contacto regular con la población mayoritaria y que evitan las relaciones con personas ajenas a su grupo. Algunos de estos pueblos, que han tenido interacción esporádica con la sociedad mayoritaria, han optado por aislarse nuevamente como una estrategia de supervivencia. La mayoría de estos pueblos viven en áreas de difícil acceso, como los bosques tropicales, que a menudo poseen recursos naturales valiosos. Aunque su aislamiento no siempre es una elección, se ha convertido en una medida de protección. Es importante diferenciar entre los pueblos que nunca han sido contactados, cuya vulnerabilidad es mayor, y aquellos que, tras haber tenido contacto, eligen regresar al aislamiento. En cualquier caso, la necesidad de proteger a los pueblos no contactados es prioritaria, y el principio de no contacto debe ser respetado.
Los Tagaeri descienden de Taga, un líder joven que, en la década de 1960, decidió evitar el contacto con el exterior junto con algunos miembros de su familia. En sus primeros años, el grupo estuvo formado por unas 15 a 20 personas, pero con el tiempo creció, incorporando a Waorani que se separaron de las misiones religiosas, estableciendo contacto con otros grupos aislados como los Taromenane, y fortaleciendo su clan (Cabodevilla y Berraondo, 2005).
Por su parte, los Taromenane son cultural y étnicamente cercanos a los Waorani. Aunque comparten el idioma wao-tededo, presentan diferencias físicas notables: son más altos, tienen la piel más clara y rasgos faciales particulares. Su modo de fabricación de armas y utensilios también varía (Cabodevilla y Berraondo, 2005). Este grupo nunca participó en el proceso de contacto misionero, y su existencia fue confirmada recientemente tras un trágico incidente en 2006, cuando miembros de la comunidad Waorani de Tiwino y Bataboro atacaron a mujeres y niños Taromenane.
En Ecuador, los pueblos en aislamiento (PIAV) gozan de reconocimiento legal de su territorio, reflejado en la creación de la “Zona Intangible Tagaeri-Taromenane” (ZITT). Aunque la zona está definida para los Tagaeri y los Taromenane, existe la posibilidad de que otros clanes también habiten en ella, y se asume que este territorio tiene un significado histórico y de uso. Más allá de la precisión de estos detalles, se sabe que los pueblos en aislamiento mantienen un sistema territorial que se corresponde con nodos ambientales y geográficos (Energy and Environmental Consulting, 2016).
Los Tagaeri y los Taromenane han manifestado su rechazo al contacto con la civilización occidental (Cabodevilla y Berraondo, 2005). Para garantizar su protección, el Estado ecuatoriano estableció, a través de los Decretos Ejecutivos Nos. 552 (1999) y 2187 (2007), una porción de aproximadamente 758.000 hectáreas dentro de la Reserva de Biosfera Yasuní. Esta Zona Intangible tiene como objetivo proteger los territorios de los pueblos aislados, respetando su principio de no contacto, prohibiendo actividades económicas extractivas y conservando los recursos naturales esenciales para su supervivencia.
El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y el Plan de Manejo Ambiental (PMA) para la sísmica 3D en los Bloques 31 y 43 mencionan que, en los últimos años, han surgido comisiones encargadas de gestionar eventos de violencia entre pueblos aislados y Waoranis, resolver conflictos territoriales y controlar el comercio ilegal de madera, entre otros problemas. Estos nuevos sistemas de relacionamiento, que involucran actores como el gobierno y las instituciones internacionales, son clave para abordar las amenazas territoriales que enfrentan los pueblos en aislamiento. De hecho, tras incidentes violentos como el ocurrido en 1993, que involucró una incursión waorani en Menkaro y el secuestro de una niña, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concedió medidas cautelares a los pueblos Tagaeri y Taromenane (Energy and Environmental Consulting, 2016).