Investigar en la Amazonía implica mucho más que aplicar metodologías científicas. Supone escuchar, dialogar y construir confianza con los territorios y las comunidades que los habitan. En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, las investigadoras Myriam Jiménez y Greys Herrera comparten su experiencia científica en el Parque Nacional Yasuní, donde lideran un proyecto que articula conocimiento académico, saberes ancestrales y participación comunitaria, con énfasis en el rol de las mujeres.
“Trabajamos de manera integral en docencia, investigación, vinculación y gestión, asumiendo múltiples responsabilidades que fortalecen el quehacer académico”, señala Greys Herrera, docente e investigadora, al describir el trabajo académico que desarrollan desde la Amazonía. Ambas forman parte de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH), sede Amazonía, y cuentan con una sólida formación en temas ambientales, hídricos y de gestión territorial.
El proyecto que actualmente ejecutan en el Yasuní es el primero que desarrollan directamente dentro del área protegida. “Nace como una iniciativa académica orientada a fortalecer la resiliencia del territorio del parque nacional”, explica Herrera. El trabajo se concentra en dos comunidades kichwas: Tambococha y Mandaripanga, donde el enfoque no es solo ambiental, sino también social y cultural.
Ciencia y bioculturalidad
Uno de los ejes centrales del proyecto es la bioculturalidad, entendida como la relación inseparable entre biodiversidad y conocimiento ancestral. “Hablamos de que no se pierda el conocimiento, la ciencia en términos de etnobotánica”, explica Herrera. “Por ejemplo, el uso de plantas que las comunidades emplean en su vida diaria, como el Hondurahua, una planta maderable que incluso utilizan las mujeres para el cuidado del cabello”.
Para Myriam Jiménez, ingeniera en gestión turística con formación en ecología y gestión ambiental, el diálogo intercultural es tan importante como los datos científicos. “Uno de los principales retos es abrir esos espacios, considerando los contextos históricos y las condiciones sociales dentro del territorio”, afirma. “Pero esos retos también muestran la resiliencia de las comunidades y la necesidad de sistematizar sus saberes para que no se pierdan”.
Desconfianza, ética y devolución
Trabajar en un territorio marcado por décadas de intervención externa no está exento de dificultades. “Dentro del parque existen comunidades incluso no contactadas, y hay un preconcepto fuerte de que desde afuera se quiere cambiar su forma de pensar”, señala Herrera. “Ese es uno de los mayores desafíos”.
La desconfianza frente a la investigación científica es un tema recurrente. “Las comunidades nos han dicho claramente que tienen temor de compartir sus conocimientos porque sienten que se los roban sin nada a cambio”, recuerda Jiménez. Frente a ello, el proyecto contempla la creación de un comité de bioética y ética, así como mecanismos claros de protección de la información.
“La propuesta va más allá del proceso investigativo”, explica Herrera, “sino que todo este conocimiento se devuelva al territorio. Incluso planteamos que los resultados se recojan en un libro con autoría compartida, donde las comunidades sean reconocidas como parte del proceso”.
Mujeres, jóvenes y participación real
La participación de las mujeres no es simbólica ni consultiva. Está integrada en todas las fases del proyecto. “Queremos que ellas sean parte de los monitoreos, del vivero comunitario, de los procesos de restauración”, señala Jiménez. “No solo decir que son parte, sino que conozcan y participen en todo lo que se hace”.
Uno de los componentes clave es la implementación de un vivero comunitario, que permitirá avanzar hacia procesos de reforestación con especies nativas. “Ahí se ha planificado una participación directa de mujeres, por ejemplo, en compostaje, recolección de residuos y producción de plántulas”, explica Herrera. “Son árboles con un valor etnobotánico y cultural que deben mantenerse en el tiempo”.
El proyecto también contempla el involucramiento de mujeres jóvenes y estudiantes, tanto de las comunidades como de la universidad. “Tenemos estudiantes que ya realizan prácticas en el parque nacional”, comenta Herrera. “Eso garantiza soporte técnico y continuidad a largo plazo”.
Resultados que trascienden el proyecto
Más allá de los productos técnicos —inventarios de biodiversidad, monitoreo de agua y suelo, mediciones de huella de carbono— las investigadoras destacan un objetivo mayor: fortalecer capacidades locales y dejar herramientas que permanezcan en el tiempo.
“Queremos que sepan que no están solos”, afirma Herrera. “Desde la academia también podemos colaborar para que no se pierda su cultura y para demostrar que los recursos pueden aprovecharse de manera sostenible, haciendo ciencia con ellos, no sobre ellos”.
Jiménez coincide: “La conservación es mucho más efectiva cuando es inclusiva, cuando integra a mujeres, jóvenes y niñas en igualdad de condiciones”. Y añade: “Estamos dentro de un laboratorio natural como el Yasuní. Tiene problemas, sí, pero también podemos ser parte de la solución. Eso es profundamente gratificante”.
Perfiles de las entrevistadas
Greys Carolina Herrera Morales
Pertenece a la red REMCI – NODO ESPOCH. Es ingeniera en Biotecnología Ambiental por la ESPOCH y en Seguridad Industrial, Calidad y Ambiente por la Universidad de La Rioja. Posee una maestría en Soluciones Integrales del Agua por la Universidad San Francisco de Quito. Es docente e investigadora, con experiencia en proyectos de revalorización de residuos, biodiversidad y gestión ambiental. Actualmente es la directora del proyecto de investigación en el Parque Nacional Yasuní, en articulación con comunidades locales e instituciones nacionales e internacionales.
Myriam Yolanda Jiménez Gutiérrez
Ingeniera en Gestión Turística, originaria de la Amazonía ecuatoriana. Cuenta con una maestría en Ecología y Gestión Ambiental realizada en Moscú y una maestría en Soluciones Integrales del Agua por la Universidad San Francisco de Quito. Es docente investigadora en la ESPOCH desde 2019 y actualmente ejerce funciones de gestión académica y coordinación de carrera. Ha participado en proyectos de investigación y vinculación enfocados en sostenibilidad, territorio y saberes ancestrales.