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La cultura se convierte en educación ambiental en El Coca

En El Coca, capital de la provincia de Orellana, la educación ambiental no se limita a campañas escolares ni a discursos técnicos. Se construye desde el teatro, la danza, los murales urbanos y la memoria ancestral. Así lo entiende la Empresa Pública Museo Arqueológico y Centro Cultural de Orellana (MACCO), una institución que ha hecho de la cultura una herramienta concreta para formar conciencia ambiental en la Amazonía.

“Como institución que se encuentra en la Amazonía, tenemos casi una obligación ética y moral de trabajar con la ciudadanía a través de las artes”, afirma Carlos Noboa, gerente general de MACCO. “Hablamos de conciencia de nuestro lugar, de nuestro hogar, y de entender que aquí habitan diferentes culturas”.

MACCO gestiona dos espacios centrales en la vida cultural de la ciudad: el Centro Cultural y el Museo Arqueológico. En el primero, una programación permanente de teatro, música y danza convoca tanto a la ciudadanía como a unidades educativas. En el segundo, más de 440 piezas arqueológicas de la fase Napo de la cultura omagua sirven como punto de partida para hablar de historia, identidad y naturaleza.

“El museo no es solo para ver objetos”, explica Noboa. “Ahí trabajamos con niños y jóvenes para contar la historia local, pero adaptándola para resaltar temas como los animales, la relación con la selva y el respeto por la naturaleza. Quitamos esa idea absurda de que aquí vivían ‘salvajes’. Eran civilizaciones avanzadas que vivían en armonía con su entorno”.

El arte como lenguaje ambiental

Lejos de una educación ambiental basada únicamente en contenidos científicos, MACCO apuesta por lo simbólico y lo sensible. “Trabajamos a través de las artes porque es una herramienta muy poderosa y muy lúdica”, señala Noboa. “Estos espacios son cada vez más importantes porque es donde la gente realmente crea conciencia”.

Uno de los mayores retos ha sido formar públicos en un territorio donde el consumo cultural no ha sido históricamente prioritario. “Aquí la cultura muchas veces se ve como un lujo”, reconoce. “Nuestra función ha sido ir creando ese público. No es inmediato, es un proceso lento, pero los resultados ya se ven”.

La institución, adscrita al Municipio de Francisco de Orellana, planifica su agenda anual incorporando temas ambientales y comunitarios como ejes transversales. Esta programación llega de forma sistemática a las escuelas y colegios del cantón, convirtiendo al arte en una forma de educación ambiental no formal.

Murales, jaguares y preguntas incómodas

Entre las experiencias más significativas, Noboa destaca los murales urbanos dedicados a animales en peligro de extinción. “Pintamos murales en espacios visibles, con especies como el jaguar, la nutria o el águila arpía. La gente se tomaba fotos, sí, pero también empezaba a preguntarse por esos animales, por qué estaban ahí, por qué estaban en peligro”.

Ese tipo de impacto, pequeño pero constante, es el que MACCO busca provocar. “A través de pequeños actos simbólicos se puede seguir luchando”, dice. “No todo es inmediato, pero algo se mueve”.

Lo mismo ocurre con los conciertos al aire libre del espacio Butaco, donde la música se mezcla con rituales, fotografía y mensajes ambientales. “La gente viene a disfrutar de la música y se lleva algo más. Inconscientemente se lleva una reflexión sobre lo que tenemos y lo que debemos preservar”.

Un cambio que ya se siente

El impacto del trabajo cultural también se refleja en la transformación social de El Coca. Noboa lo ilustra desde su propia memoria: “Cuando yo era niño, era normal ver pieles de tigrillo en las casas. Se comercializaban. Eso hoy no existe. La conciencia ha cambiado radicalmente”.

Ese cambio no es solo ambiental, sino también cultural. “Antes se aceptaba la idea de que aquí vivían ‘salvajes’. Hoy hay mucho más respeto hacia las nacionalidades indígenas, más cercanía, más reconocimiento. Hemos aprendido que no solo hay que respetar la casa, sino a la gente que vive en ella”.

Para MACCO, este proceso confirma que la educación ambiental no se impone, se construye. Y se construye en comunidad, desde el territorio y con el tiempo.

Mirar al 2030 desde la Amazonía

La empresa trabaja actualmente con un Plan Estratégico Institucional proyectado hasta 2030. El enfoque es claro: fortalecer los programas ambientales y culturales, y profundizar el trabajo con pueblos y nacionalidades amazónicas.

“Tenemos que concebirnos como amazónicos primero”, sostiene Noboa. “No trabajar lejos de la comunidad, sino con la comunidad. Solo así tiene sentido hablar de educación ambiental en este territorio”.

En un país marcado por múltiples crisis, mantener vivos estos espacios culturales es, para MACCO, una forma de resistencia y de futuro. Un recordatorio de que educar sobre el ambiente no es solo hablar de naturaleza, sino de identidad, memoria y convivencia.

Perfil del entrevistado

Carlos Noboa
Gerente general de la Empresa Pública Museo Arqueológico y Centro Cultural de Orellana (MACCO) desde 2019. Gestor cultural con trayectoria en el ámbito público, ha centrado su trabajo en la articulación entre cultura, educación y territorio amazónico. Aunque nació en Quito por razones médicas, ha vivido prácticamente toda su vida en El Coca, manteniendo un vínculo estrecho con la ciudad y la Amazonía. Defiende una visión de la cultura como servicio público esencial y como herramienta clave para la educación ambiental y la construcción de ciudadanía.